Se llama maldición a la expresión de un deseo maligno dirigido contra una o varias personas que logra que ese deseo se cumpla.Las maldiciones tienen un papel destacado en las creencias populares de muchos pueblos (supersticiones), así como en sus mitos y Leyendas. Por ejemplo, en el folclore hispánico se cree que la sirena era una muchacha hermosa a la que le gustaba mucho bañarse. Un día su madre la maldijo por ello, diciendo que, ya que le gustaba tanto el agua, ojala nunca saliera de ella, y así fue. Según estas creencias, en ocasiones familias enteras son víctima de una maldición, cuyas consecuencias alcanzan a todos los descendientes de la persona maldita.Con frecuencia se atribuye una capacidad especial para arrojar maldiciones a colectivos marginados, como los gitanos en España, cuyas maldiciones gitanas causaban pavor.
El poder de la maldición se extiende en ocasiones a determinados objetos. Así, el poeta griego Nikos Kavvadías cuenta en uno de sus poemas más conocidos la historia de un cuchillo maldito: todos los que lo compraban acababan utilizándolo para matar a una persona querida. el vudu afroamericano afirma que es posible dañar a una persona colocando en su camino ciertos objetos malditos, que se activarán cuando la víctima camine sobre ellos. Según la creencia popular, las maldiciones pueden también afectar a edificios (por lo que se habla de casas encantadas, embrujadas o malditas).
Hay muchas maldiciones pero la más conocida y famosa de la historia es la maldición de Tutankamón. Se cree que cualquier persona que moleste a la momia de un faraón del Antiguo Egipto será victima de una maldición que le provocará la muerte al poco tiempo. La tumba de Tutankamón permaneció oculta por más de 3000 años. En noviembre de 1922, el egiptólogo Howard Carter la descubrió en el Valle de los Reyes.Unos meses después del descubrimiento, el promotor de la expedición Carnarvon murió en el Cairo tras una picadura y una neumonía. Curiosamente su perro que se encontraba en Londres murió a la misma hora que su dueño. La muerte de Carnarvon no fue la última, su hermano Audrey Herbert que estuvo presente en la apertura de la cámara real murió inexplicablemente a su vuelta a Londres, Arthur Mace falleció en El Cairo sin explicación médica, hasta el radiógrafo de la momia de Tutankamón Sir Douglas Reid enfermó y murió dos meses después. Muchos son los que creen en la maldición, ya sea por lo que leen o por lo que les cuentan. Es cierto que estas muertes se dieron lugar pero... ¿Por qué nadie menciona a Howard Carter? ¿No debería haber sido él el primero sobre el que recayera la maldición? Muchos autores niegan que hubiese una maldición escrita, pero otros aseguran que Howard Carter encontró en la antecámara un ostracon de arcilla cuya inscripción decía: «La muerte golpeará con su bieldo a aquel que turbe el reposo del faraón.»





























